La escuela de la ignorancia


Jean-Claude Michea es profesor de filosofía en Montpellier, participa activamente en la revista y el grupo MAUSS (movimiento anti-utilitarista en las ciencias sociales). Es autor de Orwell, anarchiste tory (Climats, 1995). Este texto pertenece al libro La escuela de la ignorancia, editado por Acuarela Libros.

LA ESCUELA DEL CAPITALISMO TOTAL

Democratización de la enseñanza, saberes desechables y hombres superfluos.

La crisis de lo que antaño se llamaba “escuela republicana” [que aplica el librepensamiento, el laicismo y los valores cívicos y solidarios] no se puede distinguir de la que afecta a la sociedad moderna en su conjunto. Participa, evidentemente, del mismo movimiento histórico que, por lo de mas, deshace las familias, descompone la existencia material y social de los barrios y las ciudades, y se lleva por delante progresivamente todas las formas de civismo que hasta hace poco marcaban todavía en buena medida las relaciones humanas. Sólo desde aquí es posible comprender hasta qué punto los progresos de la ignorancia –esto es, el declive de la inteligencia crítica y del sentido de la lengua -, lejos de ser efecto de una disfunción lamentable de nuestra sociedad, se han convertido, por el contrario, en una condición necesaria para su propia expansión. Una hipótesis que va más allá de una astuta teoría conspirativa.

Podemos comprender en su triste verdad histórica el movimiento que, desde hace treinta años, transforma la escuela en un sentido siempre idéntico de la siguiente manera: invocando a la vez una “democratización de la enseñanza” (una mentira absoluta) (1) y la “adaptación necesaria al mundo moderno” (una verdad a medias), lo que se ésta construyendo a través de las últimas reformas educativas es la escuela del capitalismo total, es decir, una de las bases logísticas decisivas a partir de las que las principales compañías transnacionales –una vez acabado el proceso de su reestructuración en líneas generales -, podrán dirigir con toda la eficacia deseada la guerra económica del siglo XXI.

Si conservamos la menor duda al respecto o si consideramos que lo aquí expuesto es exagerado, basta (de acuerdo con las recomendaciones de Maquiavelo) con adoptar por un instante el punto de vista del enemigo y preguntarse lo que esta condenado a desear dada su condición. Este esfuerzo de verificación se ve felizmente simplificado por el hecho de que los señores de la guerra de los reinos combatientes de la economía mundial, con todos sus ejércitos de legistas y letrados, deben reunirse constantemente a fin de coordinar sus estrategias rivales y de velar para que jamás se vea amenazado lo que tan acertadamente llaman la gobernabilidad de este mundo. De ahí la existencia de cierto número de informes, documentos, actas, notas de información, memoranda o simplemente testimonios que, aunque nunca suelan llegar al público en general, siguen estando, al menos por el momento, parcialmente accesibles a los espíritus curiosos y a los investigadores obstinados (2).

Humanidad sobrante e ingobernable
Así fue como, por ejemplo, en septiembre de 1995, bajo la égida de la fundación Gorbachov, “quinientos políticos, lideres económicos y científicos de primer orden” (3) que se consideraban a sí mismos la élite mundial, tuvieron que reunirse en el Hotel Fairmont de San Francisco para contrastar sus puntos de vista acerca del destino de la nueva civilización.
Dado su propósito, este foro estuvo presidido por una voluntad de lograr la más rigurosa eficacia: “Estrictas reglas obligan a todos los participantes a olvidar la retórica. Los conferenciantes sólo disponen de cinco minutos para introducir el tema: ninguna intervención durante los debates debe sobrepasar los dos minutos” (4). Una vez definidos estos principios de trabajo, la asamblea comenzó reconociendo como una evidencia que no merecía discusión, que “en el próximo siglo dos décimas partes de la población activa serían suficientes para mantener la actividad de la economía mundial”.

Partiendo de bases tan sinceras, pudo formularse con todo rigor el principal problema político al que el sistema capitalista se vería confrontado en las próximas décadas: ¿cómo podría la élite mundial mantener la gobernabilidad del ochenta por ciento de la humanidad sobrante, cuya inutilidad habría sido programada por la lógica liberal?
Tras el debate, la solución que acabó imponiéndose como la más razonable fue la propuesta por Zbigniew Brzezinski (5) con el nombre de tittytainment. Con esta palabra-valija (6) se trataba simplemente de definir un “cóctel de entretenimiento embrutecedor y de alimento suficiente que permitiera mantener de buen humor a la población frustrada del planeta”. Este análisis, cínico y despreciativo (7), tiene la evidente ventaja de definir, con toda la claridad deseable, el pliego de condiciones que las élites mundiales asignan a la escuela del siglo XXI. Partiendo de ese análisis, se puede deducir, con un mínimo de margen de error, las formas a priori de toda reforma educativa destinada a reconfigurar el aparato educativo según los únicos intereses políticos y financieros del capital. Entremos por un instante en ese juego.

En primer lugar, es obvio que un sistema de estas características deberá conservar un sector de excelencia, destinado a formar a las distintas élites científicas, técnicas y de gestión al mas alto nivel. Éstas serán cada vez más necesarias a medida que la guerra económica mundial se vaya recrudeciendo.

Estos polos de excelencia, con condiciones de acceso forzosamente muy selectivas, tendrán que seguir transmitiendo de forma rigurosa (es decir, en lo esencial, seguirán probablemente el modelo de la escuela tradicional) (8) no sólo los saberes sofisticados y creativos, sino también (cualesquiera que sean, aquí o allá, las reticencias positivistas de tal o cual defensor del sistema) el mínimo de cultura y espíritu crítico sin el que la adquisición y el dominio efectivo de dichos saberes carece de sentido y, ante todo, de cualquier utilidad verdadera.

Saberes desechables
En cuanto a las competencias técnicas medias –la Comisión Europea estima que tienen “una vida aproximada de diez años, y que el capital intelectual se deprecia un 7% por año, y va unido a una reducción correspondiente de la eficacia de la mano de obra” (9)-, el problema es algo diferente. En definitiva, se trata de saberes desechables, tan desechables como los humanos que los poseen provisionalmente, en la medida en que, al basarse en competencias más rutinarias y estar adaptados a un contexto tecnológico preciso, dejan de ser operativos en cuanto se supera su propio contexto. No obstante, desde la revolución informática, se trata de habilidades que, desde una perspectiva capitalista, sólo presentan ventajas. Un saber utilitario y de naturaleza principalmente algorítmica, esto es, que no requiere forzosamente ni la autonomía ni la creación del que lo utiliza, es un saber que, en condiciones extremas, puede aprenderse solo, es decir, en la propia casa, ante un ordenador con el programa educativo correspondiente.

Generalizando, en el caso de las competencias intermedias, gracias al empleo de la enseñanza multimedia a distancia, la clase dominante podrá matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, las grandes compañías (Olivetti, Philips, Siemens, Ericsson, etc.) estarán destinadas a “vender sus productos en el mercado de la formación continua gobernado por las leyes de la oferta y la demanda”(10). Por otro, decenas de miles de profesores (es sabido que su financiación representa la parte fundamental de los gastos del presupuesto para la educación) se transformarán en algo completamente inútil y podrán, así, ser despedidos, lo que permitirá a los Estados invertir la masa salarial ahorrada en operaciones más rentables para las grandes compañías internacionales.

Enseñar la ignorancia
Por supuesto, quedan los más numerosos; los que el sistema destina a seguir desempleados (o empleados de forma precaria y flexible, por ejemplo, en los distintos empleos basura, del tipo Mac Donald´s) en parte porque, según los términos escogidos por la OCDE (11), “nunca constituirán un mercado rentable” y porque su “exclusión social se agudizará a medida que los otros sigan progresando”. Es ahí donde el tittytainment deberá encontrar su campo de acción. Efectivamente, es obvio que la costosa transmisión de los saberes reales y, por tanto, críticos, así como el aprendizaje de los comportamientos cívicos elementales o incluso, sencillamente, el fomento de la rectitud y la honestidad, no presentan aquí ningún interés para el sistema. De hecho, en ciertas circunstancias políticas, pueden llegar a suponer una amenaza para su seguridad. Obviamente, en esta escuela para la mayoría es donde deberá enseñarse la ignorancia en todas sus formas posibles. No obstante, no se trata de una tarea fácil (12) y, hasta el momento, salvando algunos progresos los profesores tradicionales no han recibido una formación adecuada para ella. La escuela de la ignorancia requerirá reeducar a los profesores, es decir, obligándoles a “trabajar de forma distinta”, bajo el despotismo ilustrado de un ejercito potente y bien organizado de expertos en “ciencias de la educación”. Evidentemente, la labor fundamental de dichos expertos será definir e imponer (por todos los medios de que dispone una institución jerárquica para garantizar la sumisión de los que ella dependen) las condiciones pedagógicas y materiales de lo que Debord llamaba “la disolución de la lógica” (13): en otras palabras, “la perdida de la posibilidad de reconocer instantáneamente lo que es importante y lo que es accesorio o está fuera de lugar; lo que es incompatible o, por el contrario, lo que podría ser complementario; todo lo que implica tal consecuencia y lo que, al mismo tiempo, impide”. Debord añade que un alumno adiestrado de tal forma se encontrará “desde el principio al servicio del orden establecido, aunque su intención haya podido ser absolutamente contraria a este resultado. En esencia, concederá el lenguaje del espectáculo, ya que es el único que le será familiar: el lenguaje con el que le habrán enseñado a hablar. Sin duda, querrá mostrarse como enemigo de su retórica, pero utilizará su sintaxis” (14).

En lo relativo a la eliminación de cualquier common decency, es decir, a la necesidad de transformar al alumno en un consumidor incívico y, si es necesario, violento, es una tarea que plantea infinitamente menos problemas. En ese caso, basta con prohibir toda institución cívica eficaz y reemplazarla por cualquier forma de educación ciudadana (15), popurrí conceptual más fácil de difundir porque, en resumidas cuentas, no hace sino reforzar el discurso dominante de los media y el mundo del espectáculo. Así pues, se podrán fabricar consumidores de derecho en serie, intolerantes, pleiteístas y políticamente correctos. Por tanto, serán fácilmente manipulables al tiempo que presentarán la ventaja nada desdeñable de poder engrosar, según el modelo estadounidense, los grandes gabinetes de abogados.

Naturalmente, los objetivos asignados a lo que quede de la escuela pública supondrán una doble transformación decisiva a mayor o menor plazo. Por un lado, los profesores deberán abandonar su estatus actual de sujetos a los que se supone un saber para formar parte de los animadores de diferentes actividades de valores o transversales, de salidas pedagógicas o de foros de discusión (evidentemente concebidos según el modelo de los programas de debate televisivos); a fin de rentabilizar su empleo, también serán animadores encargados de distintas tareas materiales o de refuerzo psicológico. Por otro, la escuela se convertirá en un espacio de vida, democrático y alegre, a un tiempo guardería ciudadana –en la que la animación de fiestas (aniversario de la abolición de la esclavitud, nacimiento de Victor Hugo, Halloween…) podrá correr a cargo de las asociaciones de padres más deseosas de implicarse- y lugar libremente abierto tanto a todos los representantes de la ciudad (militantes de asociaciones, militares jubilados, empresarios, malabaristas o faquires, etc.) como a todas las mercancías tecnológicas o culturales que las grandes marcas, convertidas en colaboradoras explícitas del “acto educativo”, juzguen adecuado vender a los distintos participantes. Pienso también que surgirá la idea de colocar en la entrada de ese gran parque de atracciones escolares algunos dispositivos electrónicos muy sencillos, para detectar la presencia eventual de objetos metálicos.

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1. Incluso Antoine Post ha acabado reconociendo que “las formas destinadas a garantizar la igualdad de oportunidades han tenido el resultado contrario” (L´enseignement s´est-il démocrstisé?, 1992). Por ejemplo, el “porcentaje de alumnos de origen popular en la Escuela Nacional de la Administración, la Escuela Normal Superior y la Politécnica (las tres grandes escuelas superiores francesas) descendió de un 15’4% entre 1966 y 1970 a un 7% entre 1989 y 1993”.

2. Tras la revelación de los tratos secretos sobre el AML por parte de algunas organizaciones no gubernamentales, algunos de los señores de la guerra se quejaron de su accesibilidad y prometieron tomar medidas al respecto. Es sabido que, en el mundo de los medios de comunicación, esta es la función de personajes como Alain Duhamel (empleo aquí este nombre en sentido general, como se utiliza el de un Tartufo o un Quisling), disimular ante el público la existencia de estos documentos y, si llegan a salir a la luz, mentir con aplomo sobre su significado real. Conviene recordar que el auténtico Alain Duhamel (periodista y analista político, representante del “pensamiento único”) es uno de los miembros eminentes de Siècle, es decir, “uno de los clubes francesas mas cerrados, donde se codean las élites del mundo político, las finanzas, la industria y los medios” (Pierre Bitoun, Les cumulards, Stock, 1998). Tal y como avanzan las cosas, lo que los ciudadanos necesitarán para descubrir las decisiones tomadas en se nombre no será un espíritu curioso sino literalmente agentes secretos.

3. Cf. Hans Peter Martin y Harald Schumann, La trampa de la globalización, Taurus, 1998. Todas las citas siguientes proceden de testimonios directos.

4. De hecho, parece difícil ser más breve que John Gage, director estadounidense de Sun Microsystems: “Contratamos a nuestros trabajadores por ordenador, trabajan por ordenador y les echamos por ordenador”.

5. Antiguo ministro de Jimmy Carter y fundador, en 1973, de la Trilateral, “club todavía más impenetrable que el Siècle, que en 1992 agrupaba cerca de 350 miembros estadounidenses, europeos y japoneses” y que “constituye uno de los lugares donde se elaboran las ideas y las estrategias de la internacional capitalista” (P. Bitoun, op. cit).

6. Entertainment significa entretenimiento, diversión, diversión y tits, en argot estadounidense, pechos.

7. En este análisis es sencillo identificar le imagen que las élites intelectuales y mediáticas tienen de la gente corriente (de esa “Francia casposa”, como diría el elegante Sollers): un mundo poblado por don nadies y fulanitos, como Virenque, blanco cotidiano de los dibujos de Cabu (célebre dibujante satírico francés) o de los Guignols de l´info (equivalente francés de las noticias del guiñol). A este respecto hay que señalar el asombroso poder de recuperación del sistema: en el siglo XIX, el guiñol era una de las pocas armas de las que disponía el pueblo llano para ridiculizar a sus señores. Hoy en día se ha convertido en la artillería pesada que la élite emplea para reírse del pueblo. Podemos imaginar qué ocurrirá con Robin Hood cuando, por razones de audiencia, Vivendi o Prisa pidan a sus empleados que le den una nueva existencia televisiva.

8. El Capital ya no bromea con la pedagogía siempre que se trata de asuntos serios y que necesita resultados reales. Por ejemplo, cuando el deporte deja de ser un juego y una fiesta para convertirse en una industria donde solo es rentable la victoria, procura confiar la formación de los futuros vencedores a entrenadores como Foucambert o Meirieu. En palabras de Liliane Lurçat (La destruction de l¨enseignement élémentaire et ses penseurs, París, 1998): “El rigor pedagógico ha desaparecido de las aulas para instalarse en los lugares donde se practican deportes. Curiosamente, en estos sitios, no se practica el constructivismo, y el rigor pedagógico no se considera un obstáculo a la espontaneidad”. Además, resulta extraño que, en estos casos, el origen popular de la mayor parte de los deportistas nunca se contemple como un impedimento para este rigor pedagógico tradicional.

9. Informe del 24 de mayo de 1991. Citado en Tableau Noir (Gérard de Selys y Nico Hirtt, EPO, Bruselas, 1998). Este librito imprescindible reproduce abundantes textos que la comisión Europea, la OCDE o el European Round Table (uno de los lobbies comunitarios más discretos y eficaces, del que Edith Cresson es la infatigable pasionaria) consagran, desde hace unos años, a definir los “ajustes estructurales” exigidos por la reforma capitalista de la escuela. Ya que estos informes no están destinados a ser leídos por el pueblo soberano, los autores se expresan con un cinismo realmente asombroso.

10. “Paréntesis sobre la enseñanza: se habla constantemente de la crisis de la enseñanza, cada ministro realiza su propia reforma, y, en realidad, se deja de lado lo más importante. Como ya decía Platón hace 2500 años, en el principio de toda adquisición de saber está al eros: el amor por el objeto enseñado que exige una relación afectiva específica entre el profesor y al alumno” (Castoriadis, La fin de l´histoire). Estas evidencias básicas nos recuerdan los límites a priori de toda enseñanza a distancia. En el mejor de los casos, lo que la máquina puede inculcar es un saber amputado de sus bases afectivas y culturales y, por consiguiente, privado de su significación humana y de sus potenciales críticos. En cuanto a sus principios no difieren de los que un adiestramiento hábil “enseñaran” a un animal. Pero todos sabemos que “miles de Bill Gates, entre otros, han nacido de esta lucecita imbécil que se enciende en el cerebro de un ministro en cuanto se pronuncian ante él las palabras ordenador, informática o modernidad” (Charlie-Hebdo, 17-9-1997). Huelga precisar que este artículo de Philippe Val está consagrado al señor Allègre (ex ministro de la Educación Nacional francés del Gobierno de Lionel Jospin).

11. Informe de la “Mesa redonda de Filadelfia”, febrero de 1996. Citado en Tableau noir.

12. Si a un alumno se le dice que “Sócrates es un hombre”, en condiciones normales es más difícil impedirle que llegue a la conclusión de que “Sócrates es mortal” que permite que llegue a deducirla. El papel de las ciencias de la educación es precisamente el de destruir estas condiciones normales para lograr que el alumno desarrolle un pensamiento ilógico políticamente aprovechable.

13. G. Debord, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, Anagrama, 1990. Señalaremos que se trata de una autentica revolución cultural ya que, como indica Debord, hasta una época reciente, “casi todo el mundo pensaba con un mínimo de lógica, con la notable excepción de algunos cretinos y militares”. En este sentido, puede decirse que, desde la perspectiva capitalista, la reforma escolar ideal será, por tanto, la que logre convertir, lo mas rápidamente posible, a cada estudiante de enseñanza secundaria en un cretino militante.

14. G. Debord, ibídem.

15. En el momento en el que la clase dominante se toma la molestia de inventar una palabra (“ciudadano” empleado como adjetivo) y de imponer su uso, cuando en el lenguaje corriente existe un termino sinónimo (“cívico”), cuyo sentido esta totalmente claro, cualquiera que haya leído a Orwell comprenderá inmediatamente que la nueva palabra, en la practica, tendrá que significar justo lo contrario que la precedente. Por ejemplo, ayudar a una anciana a cruzar la calle era, hasta al momento, un acto cívico elemental. En la actualidad sería posible que el hecho de pegarle para quitarle el bolso representa (con un poco de buena voluntad sociológica) una forma, todavía un tanto ingenua, de protesta contra la exclusión y la injusticia social, y, por tanto, considerada el esbozo de un gesto.

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7 Respuestas a “La escuela de la ignorancia

  1. Pingback: Recuerdos del pasado | Mi Negro Mundo Brillante

  2. Hoy voy a dar una respuesta un poco más extendida, aunque probablemente tampoco te resulte satisfactoria.

    En resumen, sí, me encuentro en la 3ª opción. Pero lo que no hago es culpar al sistema de encontrarme allí. Como mucho, a mí mismo.

    No, no me apetecía nada entrar al trapo hace una semana y, la verdad, ahora tampoco mucho más. Pero lo que decía al principio, de las circunstancias particulares de cada uno, aunque suene a “salida por la tangente”, sí parece necesitar una aclaración:

    Resulta que los años de la educación primaria me los zampé en uno de esos regimenes que pregonaban una sociedad sin élites ni explotados (Ceausescu, en concreto). Afortunadamente estaba lejos de lo que es Corea del Norte, pero aspiraba a serlo algún día.

    Y, claro, esta igualdad a nivel teórico será la hostia en verso, pero a nivel práctico yo la sigo recordando así:

    Colas interminables para alimentos básicos, todo ello sin la más mínima garantía de que el producto alcance para todos (el 99% de la población estaba a la cola, cierto… eramos iguales), temperaturas de 7-8 grados dentro de los edificios, corriente eléctrica 6-7 horas al día en invierno (no vaya a ser que si me da por agenciarme un radiador para calentar el piso… pueda usarlo de alguna forma), uso totalmente arbitrario del poder, expropiaciones sin justificar, persecución política por abrir la boca, construcciones faraónicas que cuestan el PIB de un país pequeño y no sirven para nada, no quitarte los guantes en invierno en el colegio, viajar colgado de la puerta de un autobús, complejos siderurgicos que pierden millonadas, pero dan de comer (me sigo preguntando ¿De donde? y, sobretodo, ¿QUÉ?) a miles de trabajadores. La conciencia generalizada de que “Yo hago como que trabajo y el estado hace como que me paga” y… lo que tu dices, podría seguir y no parar.

    Sí, has dicho que la situación de hace unos años para aquí ha cambiado, que la de Francia es distinta, que tú no has vivido tiempos peores pero juzgas solo el presente. Vale, OK. Vuelvo a lo de las circunstancias de cada uno.

    Y si el texto, aún pareciéndome interesante y plantear cuestiones muy válidas (esto me suena haberlo escrito ya…) está muy lejos de revolverme las tripas de rabia, es porque nunca me he considerado un mero espectador. Cierto que este modelo de sociedad no lo he elegido yo para mí. Lo han hecho mis padres (tal como suena, en la forma más literal que te puedas imaginar), pero es algo que espero poder llegar a agradecerselo lo suficiente alguna vez.

    Sé que no puedo cambiar el mundo. Ni a mejor ni a peor. Para eso están las élites. Yo, desde mi conformismo infinito 😉 , todo lo que les pido a esas élites (y no solo a ellas) es que no me intenten vender una igualdad semejante a la que he vivido una vez. Y sobretodo, que no me hagan revivirla.

    Si eso pasa, vía voluntad popular (dicho sea de paso, pienso respetarla en todo momento) o lo que sea, igual es que me viene de familia, igual me estoy engañando a mí mismo, pero quiero creer que sabría buscarme la vida de tal manera que me afectase lo menos posible. Me han educado para eso. A pesar del sistema. De cualquier sistema.

  3. Esperaba una respuesta más elaborada, y ante la provocación que era mi comienzo de comentario dirigida a que elaborases una respuesta trabajada o le dieras vueltas al texto y a lo que pongo… me encuentro con que respondes 6 lineas sin decir nada y no entras al trapo.

    Te vuelves a conformar, si este texto lo único que te merece es esa respuesta …. no es cosa de vivencias y situaciones personales, aqui hay 2 posibilidades y en una de las posibilidades, muchas opciones.
    Las posibilidades son: o eres parte de los explotados o eres parte de la élite.

    Doy por hecho que no eres parte de la élite, ya que eso de destruir el mundo y aniquilar la humanidad lleva mucho tiempo, así que estas en el mismo grupo que los 7 mil millones de personas que hay en el mundo.

    Bien, ahora, es como se siente cada uno dentro de este grupo (generalidades de occidente):
    – se siente explotado y engañado y quiere enfrentarse a esta situación.
    – se siente explotado y engañado pero es lo que hay y contra esto no se puede hacer nada.
    – se siente explotado pero no engañado, justifica lo que hay y lo considera un mal menor.
    – no se siente ni explotado ni engañado, dice que todo es una mierda pero se encuentra a gusto en su mierda.
    – no se siente ni explotado ni engañado y le gusta lo que hay.
    – se siente parte de la élite siendo un títere más.

    A grandes rasgos esto es lo que hay, te veo en la 3ª opción, me puedo equivocar y espero equivocarme, me muevo por especulaciones, como dices tu, pero mis especulaciones no matan a nadie.

    Lo que realmente tiene que hacer este texto, es que se te revuelvan las tripas de rabia al ver que somos meros espectadores de una obra de marionetas (que son los políticos), y lo que de verdad importa, pasa entre bastidores, pero mientras tanto la gente sigue la obra con fervor.

    Salud y a darle al tarro, y un poco de sangre.

  4. Hombre… aquí cada uno tendrá sus circunstancias particulares, que le llevarán a pensar de una u otra manera.
    En cuanto a las especulaciones sobre como me van las cosas o con cuánto me conformo o no… ejem… dejaré que sigas especulando.

  5. ¿Catastrofista? jode que bien te deben de ir las cosas o con que poco te conformas. creo que no has entendido lo de trabajo basura, no es solo que el trabajo sea una mierda sino que admás es improductivo, esta creado simplemente para mantener a una porción de la población ocupada. un ejemplo de esto son los parques de atracciones, despilfarro energético y de recursos donde los haya y trabajo basura a es puertas y todo para crear un divertimento vacío. en ningún momento amplia el porcentaje con el trabajo basura, deja bien a las claras que es totalmente prescindible, y que si existe es porque forma parte de una estrategia basada en el tititeiment, una idea moderna del pan y circo.

    Las denuncias que hace el texto se están cumpliendo poco a poco, un ejemplo son los acuerdos de Bolonia (leete las anotaciones si quieres entender el texto).

    Jode precisamente el precio de la vivienda es lo que te tiene que hacer pensar como están las cosas, te tiene que hacer pensar mas allá.

    Lo que dices de la educación en cierto modo no es trasladable de Francia (que es de donde es el texto) a aquí. el que antes estuviéramos mal no significa que tengamos que conformarnos con lo que hay, ad+ yo no he vivido esa época, yo vivo en esta y lo que hay es infumable.

    Bueno podría seguir y no parar, pero estoy cansado

  6. Bueno, me he leído la primera parte del texto (la segunda sería “volver a leérmelo incluyendo las notas al pie de página”, ya caerá esto también, pero un día que esté más despejado)…

    No se qué opinar… Los nombres que salen… son de gente muy lista, que da yúyú el mero hecho de intentar reflexionar sobre lo que dicen sin darles la razón directamente.

    Digamos que la primera sorpresa del texto ha sido la del 20% de población “útil”, cifra que luego de todas formas amplía con los del “trabajo basura” (que yo, lo siento mucho, pero lo veo bastante más útil de lo que lo ven estos señores).

    Ahora… pensándolo bien, no sé cuanto por ciento (pero no creo que mucho más que ese 20%) de la población tiene inquietudes intelectuales y sociales que vayan mucho más allá de asegurarse el bienestar propio y de su entorno. Además, y a pesar del precio de la vivienda (que impide bastante pensar en muchas otras historias) tampoco creo que sea una situación reciente, achacable a la situación social actual.

    La enseñanza actual, buena, regular o mala, en el mundo desarrollado asegura una formación general bastante más amplia y a bastante más gente que hace unos años, y somos los primeros que nos escandalizamos cuando vemos críos de 12-13 años trabajando (no hace tanto era la edad de inicio de la vida laboral), somos también los primeros que queremos la disminución de la jornada laboral, y la esperanza de vida post-jubilación ha aumentado de forma bastante notable (bueno, y la de la vida a secas también).

    En fin, el texto plantea cuestiones interesantes, pero, desde mi respeto y hasta cierto punto mi agnosticismo no solo en lo espiritual sino también en lo social, me parece más agorero y catastrofista de la media.

    Y paso de más desvaríos que al final superaré en extensión el post original, y llevo ya media hora comiendome el tarro con esto cuando lo que tendría que hacer es el puto PFC. (más que nada, por eso de la hipoteca y asegurarme el bienestar propio… 😉 )

  7. Se que es largo el texto, pero considero que es de esos textos de obligada lectura por todo aquel que sienta un mínimo de interés por si mismo y por la vida y la cultura

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